De regreso al Cerro Renca junto a Alkütun

Ayudado por las lluvias de este invierno y los menores niveles de contaminación del aire, el Cerro recibió septiembre con toda su majestuosidad. Además de ser el hogar de decenas de especies y un importante pulmón verde para la ciudad, ha servido como un escape para que las familias puedan enfrentar la sensación de encierro en esta cuarentena.


Se ve prácticamente desde cualquier punto de la comuna. Desde la ventana en que te asomes por la mañana, el gigante de la zona norponiente te devolverá el saludo. Cargando desde hace años con su cruz, el cerro Renca ha sido testigo de milenios de evolución, transformación, alegrías y derrotas en el valle del Mapocho. Pese a que muchos renquinos lo conocen como la palma de su mano, el cerro sigue teniendo historias que contar.


Casi al atardecer del domingo nos encontramos con la agrupación Alkütun, cultura en altura en uno de los accesos principales del Cerro. Al igual que nosotros, hacer esta nota fue también una buena excusa para el reencuentro del equipo. Los abrazos y el cariño fueron inevitables después de tanta distancia social. Cuentan que hace 5 meses no estaban juntos, que ya empezaban a echarse de menos y también al cerro.


Alkütun se dedica a la educación medioambiental, histórica, cultural y patrimonial sobre los cerros de Renca y el Cerro Chena en San Bernardo. Su objetivo es fomentar la participación y el conocimiento de la comunidad en torno a estos tesoros naturales, educando en el cuidado y respeto por el medio ambiente. Desde julio de 2018 han realizado más de 30 visitas guiadas que lamentablemente están suspendidas por la cuarentena.


Freddy es integrante de la agrupación y cuenta que durante la pandemia se han dedicado a preparar materiales educativo para cuando termine el confinamiento. Desde hace meses que no había podido subir el cerro, cuestión que para él sigue siendo experiencia única, y que le recuerda esos días en que siendo un niño, subía a jugar por los senderos de tierra húmeda.


Adianelis es de Quilicura y desde muy niña se interesó por la naturaleza. Nos explica que estos cerros albergan una biodiversidad única, con flora nativa, como la propia flor de Renca, espinos y árboles endémicos como los guayacanes. También pululan por acá aves como el Águila Mora y la Loica.


En estas fechas, cuentan, es posible ver una gran cantidad de especies distintas de mariposas, abejas y otros insectos polinizadores. En un menor número – debido a la intervención humana – y con un poco de suerte es posible encontrarse con reptiles como la culebra chilena o pequeños lagartos, o roedores como el degú.


“Hoy el desafío es que las personas que suban entiendan lo importante que es cuidar este lugar que es maravilloso, que no dejen huellas de su visita ni afecten la vida silvestre”, agrega Freddy. Como siempre en fiestas patrias, advierten, quedan rastros de fuego, basura o el tan peligroso hilo curado.


Conforme se va poniendo el sol aparece otro espectáculo: la luz. Cálido al oeste, frío hacia el este y en medio, las luces artificiales de la ciudad infinita. Para despedirnos del lugar, los chicos nos invitan a escuchar el sonido del viento en las ramas de un árbol, donde aseguran se puede escuchar el sonido de una cascada. Sinceramente, no les creíamos mucho al principio, pero la incredulidad de acabó cuando hicimos silencio y escuchamos caer la lluvia. En momentos así, uno logra comprender al menos en parte la conexión que se genera con estos lugares, que nos brindan este tipo de momentos indescriptibles.


Nos vamos prometiendo volver pronto, a sentir los latidos del vecino más ilustre que tiene la comuna y que esperamos, pueda gozar de buena salud por mucho tiempo más.

Realización de video y texto: Luis Valdivia
Fotografías y texto: Rodrigo Saavedra

Acerca del autor

Luis Valdivia
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Fundador del Radar Renca y Director del medio

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Fotógrafo periodístico profesional