La despedida del profe Julio

Hasta este lunes 1 de junio, 34 son los vecinos y vecinas que han perdido la vida en el contexto de esta pandemia, 24 confirmados como covid positivo y 10 aún a la espera del resultado de su examen. Con el transcurso de los días, la cifra nos ha ido sumergiendo en un pesar anónimo y colectivo, sin embargo, el jueves 28 mayo el duelo surgió con nombre y apellido.

Renca despedía a Julio Barrios Sandoval, un renquino que se entregó por entero a esta comuna, querido por muchas generaciones de estudiantes. Con esta crónica, desde el Radar Renca queremos hacer, a través del profe Julio, un homenaje y reconocimiento a esos 34 renquinos y renquinas que hoy nos faltan a causa del coronavirus.


Frente al portón de la Escuela Domingo Santa María, globos blancos y carteles de “hasta siempre” y “descansa en paz” esperaban el paso de la carroza que recorrería la comuna. El grupo de personas que había concurrido con mascarillas y respetando la distancia social aguardaba en silencio, hasta que una vieja camioneta irrumpe con velocidad en el cuadro. Es un grupo de ex estudiantes que participaron en la banda escolar que por tantos años dirigió Julio Barrios. Preparados con sus instrumentos como en el pasado, llegan listos para sonar, pero esta vez no para un desfile ni un ensayo, sino que para el último adiós al profe Julio.


Cercano a los estudiantes


“Una excelente persona, muy alegre, te recibía siempre con una sonrisa. Si te estaba retando era como que no te dabas cuenta porque él te hablaba diferente, no era enojón”, dice Jannette Gonzalo, quien formó parte del grupo scout de la escuela 318 durante los años 90 junto a su hermano Miguel, que también integró banda de guerra. Tocaba el pito y después el profe Julio le enseñó a tocar la caja, cuenta la dirigenta social.


Jannette recuerda que con la banda asistían a encuentros comunales, y la 318 representaba a Renca, “siempre sacaban buenas calificaciones y ganaron varias cosas con la banda de guerra”, apunta. También le tocó compartir más con Julio Barrios cuando él los acompañó al encuentro Jamboree scout en San Carlos, Chillán. Como muchos y muchas, Jannette volvió a reencontrarse con Julio cuando su hijo ingresó a la escuela Domingo Santa María, y es que el profe Julio trabajó más de 30 años en las escuelas municipales de Renca. “Él siempre estaba dispuesto ayudar, a colaborar, a que las cosas salieran bien, que todo fuera equitativo, parejo para todos”, recuerda.

La banda después de una presentación. Archivo familiar Jannette Gonzalo


Tamara Contreras, actual directora de la Escuela Domingo Santa María concuerda con esa imagen de Julio. “Era una persona que se preocupaba siempre de los niños con más dificultades y eso, en escuelas como la nuestra donde por muchos años predominaba una mirada distinta, del ‘desecho’ -por decirlo de alguna manera- de los casos más difíciles, él marcaba una diferencia” destaca la directora.


Ese interés por el desarrollo de los niños se reflejaba en la proactividad en su labor. Siempre estaba tratando de armar cosas en la escuela. Tamara cuenta que “por un tiempo estuvo encargado que los niños jugaran a la pelota, él le pasaba pelotas en los recreos, siempre tenía una motivación. Lo mismo con las mesas de pin pon, le gustaba desarrollar ese tipo de actividades para mantener activos a los chicos”. 


Con sus compañeros de trabajo también construyó un vínculo cercano, a punta de buena voluntad y disposición para, desde arreglar un enchufe hasta armar un mueble. Profesores y profesoras recurrían a él con mucha confianza, “por eso era una persona muy muy querida.


Eso es lo que más duele, que haya partido así, tan de la nada, tan de repente, y que se vaya un corazón de la escuela”, agrega la directora.


A pesar de la tristeza, la comunidad de la Escuela Domingo Santa María se ha unido más con su partida. Tamara concluye que “la dimensión humana de su entrega, de su forma de ser, nos va a marcar como escuela. Esto marca un hito, un antes y un después en torno a la valoración del trabajo del otro, creo que eso es algo muy importante”.


Suenan las bocinas y se agitan los pañuelos blancos mientras otros arrojan pétalos y flores al paso de la carroza que pasa frente a la entrada de la escuela 318. Los vehículos que acompañan llevan mensajes escritos, globos y fotos en los parabrisas y ventanas. Suena más fuerte que nunca la banda de ex alumnos interpretando los compases que el profe Julio les enseñó, y continúan su camino hacia el frontis de la municipalidad.


Un aporte desde el silencio, un verdadero radical


En el centro cívico comunal, a un costado de Plaza de Renca por calle Blanco Encalada, frente al edificio municipal, se agitan las banderas del Partido Radical. Sus compañeros de militancia saludan y despiden a uno de sus filas. Y es que el nombre de Julio Barrios en Renca no sólo resuena en el mundo de la educación, la política comunal también fue un ámbito de acción importante de este padre de cuatro hijos. El Partido Radical fue su nicho, donde asumió, entre otros desafíos, una candidatura a concejal. 


“Con Julio venimos haciendo política desde hace muchos años, desde el primer periodo de la diputada María Antonieta Saa”, cuenta Teresa Cordero, actual concejala de Renca. Fue desde esa oficina parlamentaria donde comenzó a tener un trabajo conjunto con compañeros del Partido Radical, “ha sido un caminar larguísimo”, agrega. Juntos enfrentaron todas las campañas presidenciales de la ex Nueva Mayoría y ex Concertación. Teresa recuerda que muchas veces salían grupos de mujeres solas en la noche a hacer pegatinas y él las acompañaba. “Fuimos muy fraternos, nunca vi una rivalidad de su parte y eso me llamó la atención”, reconoce.


Para Teresa, lo que más le impresionaba de Julio era su compromiso, desde un bajo perfil, “no era un mino egocentrista ni buscando un escenario para él solo. El aporte del Julio fue desde el silencio, desde esa postura de un verdadero radical, desde la convivencia, desde la fraternidad y el compromiso”.


En el último tiempo se habían reencontrado desde la campaña RencAprueba, en el marco del plebiscito por la nueva constitución. Julio era quien abría la sede del Club de Caza y Pesca Anzuelo de Plata, que funcionó como sede de las reuniones de la coordinadora. Les esperaba con una bebida en los primeros encuentros. Así era Julio, entregado y amable. “Nos deja un desafío muy grande, él estaba muy comprometido por una nueva constitución y ese es el legado que nos queda ahora”.


Teresa se emociona, “es difícil hablar de alguien que ya no está”, dice con pesar. En su despedida pudo escuchar los discursos de sus hijos, a sus amigos y ex alumnos, constatar la consecuencia de un hombre que se dio por entero a la política y las causas sociales, pero sin descuidar a su familia. “Quiero recordarlo así, como ese hombre que hay pocos. Julio hizo un aporte sencillo, desde el silencio. Un hombre agradable, sin egocentrismos, como el scout, siempre listo para colaborar, y nos faltó aprender mucho de eso”, se lamenta la concejala Cordero.


Vecino ejemplar


Avanza el cortejo dejando atrás la Plaza de Renca, sigue por Balmaceda hasta la intersección de calle Caupolicán, a pasos del Club de Caza y Pesca Anzuelo de Plata, donde también Julio hizo historia. Lo despiden sus amigos y la comitiva se dirige hacía la última parada de su recorrido: la población Bulnes. Vecinos y vecinas salen de las puertas de sus casas y negocios para despedir a su amigo de toda una vida.


En ese viejo barrio industrial Graciela García cuenta que con Julio eran amigos hace 38 años. Primero fue amiga de María, su esposa, y por ella conoció a Julio cuando arrendaban en la población Bulnes. Graciela siempre estará agradecida de la mano que Julio y María le tendieron cuando ella era una joven madre soltera. “Mi papás se oponían a la relación que tenía con el papá de mi hijo. Tomé la decisión de fugarme de mi casa con mi bebé de 2 meses de nacido. Estaba muy angustiada, lo hablé con la esposa de Julio, y ellos me apoyaron y me abrieron las puertas de su casa por una noche. No voy a olvidar nunca su gesto”, comenta.


Luego de eso, compartieron por largos años en la población Bulnes, posteriormente recibieron juntos sus departamentos en la Maule 2 él, y ella en la 3. Con el tiempo Julio regresó a la población Bulnes, Graciela se fue cerca de la escuela 318 y perdieron contacto, hasta que volvió a reencontrarse con su amigo cuando sus nietos ingresaron a la escuela. “Me causó una gran pena saber que él había partido de esta tierra, pero el dolor más grande es el no haberlo podido acompañar, haberle dado una palabra de aliento a su esposa. Me afectó mucho, hasta ahora”, dice Graciela con la voz quebrada.


Santiago Toro, uno de los jóvenes que da vida a la improvisada banda del cortejo también da testimonio de la preocupación de Julio. “Siempre andaba preocupado de nosotros, si nos faltaba algo. Participé en la banda toda la básica que hice en la escuela, corrimos cuasimodo con él, salíamos a pescar con él, a todos lados. Siempre preocupado de todos nosotros, de los compañeros que estaban mal. Nos retaba cuando andábamos portándonos mal, ahí llegaba a nuestras casas”, relata Santiago.


La familia sale a la vereda de la casa donde no pudieron velar a Julio como merecía, y vecinos y vecinas acompañan con gritos y aplausos. Es una despedida triste y emotiva a la vez. La pandemia se llevó a don Julio Barrios Sandoval, pero la enfermedad nunca podrá borrar el recuerdo que guardan y atesoran todos aquellos que lo conocieron en vida, ni el legado que sus acciones dejan en Renca.


Los vehículos se detienen y la banda queda en silencio, y del silencio comienzan a brotar los acordes de una canción compuesta por un sobrino del profe para la ocasión. Mientras el cortejo se pierde de vista, la música seguía sonando.